La inviabilidad moral
Hillo, Son 15.11.2008. Las crisis en economía no suceden de la noche a la mañana, más bien se van preparando paulatinamente, a lo largo de meses y años. El caos financiero que estamos viviendo se comenzó a preparar desde tiempos de Ronald Reagan y su sucesor, el primer Bush. Tuvo un paliativo porque Bill Clinton hizo de la economía su principal bandera y logró reducir el déficit fiscal de sus antecesores al grado tal que entregó al segundo Bush, las cajas y hacienda en orden.
Al tomar posesión los republicanos, en el 2000, con Bush el Irresponsable, a la cabeza, parece ser que varios funcionarios y aliados no pudieron resistir la tentación de echar sus potros a retozar entre tanto billete verde. Para inicio del siglo XXI ya se venía configurando una dinámica de especulación para aspirar fondos y efectivo de las mayorías norteamericanas (y del resto del mundo) hacia las chequeras de unos pocos aprovechados, entre quienes se cuentan varios funcionarios y compinches del Presidente saliente (fue tal la irresponsabilidad de Bush, en lo económico y en la guerra de Iraq, que se le debería juzgar por un tribunal internacional).
Aprovechando aquella nueva coyuntura política el director de la poderosa Goldman Sachs pidió al Gobierno recién instalado, en febrero de 2000, que les autorizara mayor capacidad de endeudamiento para, así lo dijo, “poder competir con las empresas que hacen negocios fuera del continente”. Cuatro años después se les otorgó permiso para endeudarse con mayor empeño, y algunas lo hicieron al grado de que llegaron a tener deudas 40 veces mayores que su capital.
Lo que ahora sabemos es que esa deuda se utilizó básicamente para dos cosas. Para prestar barato a compradores de casas sobrevaluadas, y para especular en un mercado financiero colmado de instrumentos que prometían altísimas ganancias, a un riesgo, ahora nos damos cuenta, mucho mayor que la recompensa. Se creó una burbuja especulativa que inevitablemente iba a reventar y salpicar a todo el mundo.
El ejecutivo que solicitó este permiso para especular, se llama Henry Paulson y fue recompensado, varios años después, con el nombramiento por parte del mismo Bush, de secretario del Tesoro norteamericano, en una movida que pareciera destinada a asegurar su complicidad. Cuando dejó su posición en Goldman Sachs había ganado, el año de 2005 más o menos 37 millones de dólares, y se estimaba que su compensación por el último año en la firma, antes de irse con Bush, fue de unos 16 millones más. Parece ser que tuvo suerte: Dejó la empresa antes de la crisis que contribuyó a crear, y sacó buena cantidad de billetes por su desempeño.
La pregunta que de inmediato surge es sobre la capacidad ética para administrar una economía como la del país vecino, manejarla por supuesto de forma honesta y adecuada a las necesidades de la mayoría de las familias allende la frontera, si el salario anual, esto es, su experiencia del funcionamiento de la economía, es de por lo menos 500 veces superior a la media, no pobre, de los trabajadores gringos.
Difícilmente entenderá a una familia que gane $50,000 dólares al año, que no son pocos, y su horizonte para entender el devenir de la economía estará situado muy por encima de la mayoría de sus compatriotas, y qué decir del resto de los habitantes del mundo; y apenas alcanzará a prestar atención a sus inquietudes, y muy seguramente considerará muchas quejas válidas y urgentes, como meras exageraciones y afán de plañideras.
La paradoja es que es precisamente a este personaje, con un perfil moral y una historia laboral poco adecuados para resolver una crisis que se anuncia devastadora, pues fue uno de sus promotores, es una de las personas que están tomando decisiones económicas para intentar solucionar el muy serio problema que contribuyeron a acrecentar.
Es impactante comprobar cómo una serie de medidas de política irresponsable de funcionarios norteamericanos, aunados a un frenesí especulativo por parte de muchas grandes compañías, colocaron al resto del mundo ante un despeñadero económico que causará millones de víctimas.
Es un indicador de la inviabilidad moral de ese esquema económico…